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Dom, May

Abandono absoluto del problema agrario

Agrícola
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Ese panorama se plantea en el presente de manera contundente, cuando el país ha dejado de ser tanto agrario como minero.

En efecto, la minería ya carece de importancia sustancial en la economía desde que las grandes empresas fueron nacionalizadas y solo quedaron las pequeñas y alguna que otra mediana. Por otro lado, la agricultura no abastece al mercado nacional y el consumo se basa en importación y contrabando de alimentos, los que en tiempos pasados inclusive eran exportados.

Ese panorama se agrava aún más porque el gobierno, la población boliviana, sus partidos y centros universitarios y académicos no toman en cuenta el asunto conocido como “la cuestión agraria boliviana”, que no solo ha sido relegada a último plano, sino categóricamente olvidada y hasta desconocida y se la considera como si no existiese.

El problema agrario boliviano, inicialmente resuelto por la reforma agraria de Simón Bolívar, con los decretos dictatoriales de Trujillo y Cusco, fue objeto de grandes adulteraciones, como las reformas agrarias de Mariano Melgarejo y Narciso Campero y se lo embrolló, aún más, con diversas modificaciones, hasta que se produjo la reforma agraria de 1953 que, si bien tuvo la intención de resolver esa cuestión, en la práctica no lo hizo y, más bien, prolongó innecesariamente la complejidad del problema, dejando al país una herencia de graves perspectivas.

En últimos años fueron dictadas varias leyes agrarias, como la INRA, pero, en vez de resolver la crisis, la agravaron al extremo que la economía agraria retrocedió a formas feudales y comunitarias primitivas, excepto en el Oriente, donde el problema se resolvió, en gran medida, por sí mismo. En ese sentido, este problema está ahora totalmente en el olvido y, además, se agrava a medida que pasa el tiempo, pudiendo pronosticarse difíciles días para atender las necesidades alimentarias de la población.

En síntesis, el problema agrario boliviano, en estado de extrema gravedad, no recibe atención, aunque un grupo de profesionales agraristas ha creado un Centro de Investigaciones Agrarias que ofrece, a corto plazo, una serie de conferencias, foros, publicaciones para dar actualidad a este magno asunto, lo que bien merece el apoyo del gobierno.