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Dom, May

Organismos genéticamente modificados: el futuro de la industria alimentaria

Agrícola
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Por: Harold Liz, Valerie Pérez y Zahira Sánchez. Una buena alimentación es una parte fundamental en la vida de todos los seres humanos, sin embargo, esta se puede ver afectada por factores externos como el mercurio, plomo, arsénico, hormonas y pesticidas que perjudican la salud humana. Debido a esto, se han desarrollado técnicas de modificación genética para los alimentos con el objetivo de resistir insectos, determinados virus patógenos y tolerar ciertos herbicidas.

Los alimentos transgénicos son aquellos producidos a partir de microorganismos, plantas o animales modificados genéticamente (OGM), en estos el material genético ha sido alterado de manera artificial por recombinación y aplicación de Ingeniería Genética. Estos alimentos provienen mayormente de plantas transgénicas como el maíz o la soya. Los alimentos transgénicos son el futuro de la humanidad y son vitales en la manera en la que se producen los alimentos. Su principal ventaja es que estos productos son manufacturados sin alterar sus propiedades beneficiosas, logrando que su aporte nutricional sea de mayor calidad, y al mismo tiempo, reducir alergias, mejorar el metabolismo, entre otros.

Algunas proteínas de los organismos transgénicos se utilizan para el tratamiento de enfermedades, tal es el caso de la leche de cabra transgénica, que produce un activador tisular utilizado para la trombosis. Las plantas transgénicas también pueden utilizarse para producir anticuerpos destinados a la creación de fármacos y vacunas. Por ejemplo, en la ganadería se utiliza la hormona de crecimiento bovina transgénica, la cual hace que se produzca entre un 10% y un 20% más de leche que con la hormona original.

La ciencia ha permitido desarrollar nuevas aplicaciones, muchas de ellas centradas exclusivamente en el consumidor, como el trigo apto para celíacos, los tomates o la piña, ricos en antioxidantes que podrían prevenir el cáncer, el arroz, naranja, maíz, plátano o yuca dorada rico en vitamina A, o el arroz púrpura rico en antioxidantes. A partir de ahora, el consumidor podrá ver directamente el beneficio que los transgénicos pueden ofrecerle y elegir libremente si desea o no consumirlos.

Actualmente, los cultivos transgénicos del mercado están destinados principalmente a un mayor nivel de protección mediante la introducción de resistencia contra las enfermedades de las plantas causadas por insectos o virus o mediante una mayor tolerancia a los herbicidas. La resistencia a los insectos, virus o herbicidas se alcanza al incorporar a la planta el gen de toxinas, virus o de plantas que sean menos susceptibles a las enfermedades, lo que da como resultado un mayor rendimiento de los cultivos.

La evaluación de la inocuidad de los alimentos transgénicos generalmente se enfoca en los siguientes factores:

Los efectos directos a la salud (toxicidad).
El potencial de causar reacciones alérgicas (alergenicidad)
Componentes específicos que se cree poseen propiedades nutricionales o tóxicas.
La estabilidad del gen insertado.
Efectos nutricionales asociados con la modificación genética.
Cualquier efecto no intencionado que pudiera resultar de la inserción del gen.
Todas las nuevas tecnologías en sus inicios son motivo de rechazo o miedo, es lo que ha ocurrido luego del surgimiento de los automóviles, los smartphones y medios de comunicación inmediata que actualmente son de común uso; es lo que sucede en el caso particular de los OGM, sin embargo, es poco probable que los alimentos transgénicos actualmente disponibles en el mercado internacional representen un riesgo para la salud humana.

La verdad es que no existen datos o evidencias que nos inviten al pesimismo, pues para que un transgénico salga al mercado, debe superar satisfactoriamente una evaluación mucho más estricta que la de cualquier otro alimento, tanto en aspectos de salud como de medioambientales. Si se exigiera a un alimento convencional (no OGM) los mismos controles que se exigen a un transgénico, probablemente se tendrían que cerrar los supermercados, puesto que la mayoría de los alimentos no lo superarían. En 20 años no ha acontecido ningún problema de salud o de medio ambiente a causa de los transgénicos. Por lo tanto, desde este punto de vista, ni el miedo ni el debate están justificados.

Referencias