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Sáb, Jun

Día Mundial del Medio Ambiente: Bolivia y América Latina necesitan repensar los modelos de desarrollo

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LOS ECOSISTEMAS DE NUESTRO PLANETA
Día Mundial del Medio Ambiente: Bolivia y América Latina necesitan repensar los modelos de desarrollo
Al ritmo de la deforestación y contaminación actuales, un experto advierte que el país y el mundo enfrentarán una crisis alimentaria en la próxima década. Otro ambientalista internacional advierte que América Latina necesita repensar su modelo de inserción global y una entidad ecologista advierte los peligros del extractivismo.


Fernando Chávez Virreira Periodista.-Este 5 de junio se celebró el Día Internacional del Medio Ambiente, decretado por la ONU en 1972 y que para 2021 se centró en la restauración de ecosistemas bajo el lema “reimagina, recrea, restaura”. Sin embargo, y dada la situación actual, sobre todo en la deforestación, contaminación, extractivismo y el uso del agua, expertos alertan un peligro inminente que incluso pone en riesgo la seguridad alimentaria de Bolivia dentro de la próxima década.

“El principal problema es lo que se nos avecina y que no estamos preparados: la amenaza del cambio climático hará que la producción sea escasa por las heladas, una situación grave que cada vez se irá agudizando y prácticamente tenemos una década más para estar adaptados a lo que se nos viene. La producción agrícola será mermada en su totalidad, por lo tanto, hay que pensar en otro tipo de producción, una producción comunitaria rural y urbana porque el campo no podrá abastecer a las ciudades. La alimentación será un serio problema a partir de los próximos diez años”, alerta Waldo Vargas, máster en ingeniería ambiental.

Según la ONU, “la pérdida de los ecosistemas está privando al mundo de sumideros de carbono, como los bosques y las turberas, en un momento en que la humanidad ya no puede permitírselo”.

Vargas pinta un panorama desolador en el país en cuanto al equilibrio del ecosistema: primero, las áreas protegidas, que antes eran gestionadas por un comité compuesto por la universidad principal del departamento, o de los departamentos donde está el área protegida, las comunidades campesinas y originarias del entorno, el gobierno departamental y los municipios ahora están bajo la tutela de un director de un parque. Los guardaparques, que antes eran calificados y respetados, hoy sufren despidos.

“Hay un descontrol en las áreas protegidas. No se pueden realizar actividades productivas, pero hoy vemos con tristeza y azoro que el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) propicia convenios con cooperativas mineras. La minería aurífera no tiene control, no cumple licencias ambientales y contamina con el uso de mercurio. El Sernap en lugar de proteger, propicia la invasión para actividades extractivistas. Esto debería preocupar a todos los bolivianos”, dice Vargas.

Todos los ríos del país están contaminados, también el lago Titicaca, los bosques siguen siendo deforestados. “En los últimos cinco años se ha deforestado lo que no se había deforestado en los diez años anteriores, es un tema de profunda preocupación; mientras más deforestamos, más aceleramos los efectos del cambio climático”, dice el ambientalista.

En el ámbito urbano, preocupan la calidad del aire y el manejo de residuos sólidos. “No hay una política seria de reciclaje y no se incentiva esta práctica. Seguimos enterrando basura, estamos enterrando billetes en realidad, no sé cuál es el criterio, se insiste en la política de reciclaje, que además genera fuentes de empleo, pero vemos gente que sigue recolectando basura. Hay un vínculo entre la pobreza y la degradación ambiental”, agrega Vargas.

“El boliviano usa el agua de la manera más cómoda y sin control, no nos importa el cómo devolvemos esas aguas a la naturaleza. En Bolivia no hay ningún sistema de tratamiento de aguas residuales con una eficiencia que permita no contaminar nuestros cuerpos naturales”, advierte.

Los desastres naturales son cada vez más fuertes y hoy “vienen en combo”. “Antes había un terremotito, un sismo, una inundación, ahora todo eso se combina con sequías y heladas. Los fenómenos naturales van a ser cada vez más fuertes y prolongados”.

Bolivia, que ha sido pionero en la temática ambiental, en 1992 con la promulgación de la Ley del Medio Ambiente 1333, hoy está en los peores sitiales. “Muy pocos países tenían legislación, México tenía la ley de equilibrio ecológico, Brasil, Venezuela, el resto no tenía. Hemos sido pioneros en sistemas, organización y marco institucional, pero hoy estamos a la retaguardia; estamos muy atrás con respecto a varios países”, apunta Vargas.

Según el experto, la pandemia era un excelente momento para aprovechar de reorganizar la economía. “La economía en el mundo no está entendiendo todavía la lección, hay que hacer un giro, se debe olvidar el PIB y transformar los recursos naturales en valor monetario, tenemos que pensar en la adaptación al cambio climático, y eso no se logra de la noche a la mañana; es un proceso educativo, científico y un proceso de adaptación a una nueva forma de vida”, sostiene.

Un cambio de visión y de forma de vida demandará menor consumo energético, los hidrocarburos están de salida, tienen vigencia hasta el año 2040, la energía nuclear también. “Muy pronto vamos a estar inundados de autos eléctricos. Estamos en el umbral del cambio”.

Vargas dice que Bolivia tiene la “sartén por el mango” en la energía renovable porque somos dueños de un yacimiento importante mundialmente. “Todo el esfuerzo del gobierno debería estar enfocado en la investigación que nos permita hacer una mejor explotación y uso del litio”, sostiene.

“Hemos perdido la brújula”, advierte. Esto implica un reencuentro entre bolivianos, entre autoridades, empresarios, industria, minería y la sociedad y la universidad, “que es donde están quienes manejamos esta temática, prestos a ayudar para que nuestro país se reencuentre con la naturaleza y que el boliviano tenga un respeto profundo a la Pachamama y dar un ejemplo al mundo”.

 

América Latina

Según Leonardo Stanley, investigador asociado del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), con sede en Buenos Aires, más allá de las promesas, América Latina necesita repensar su modelo de inserción global. La región alberga el 30% de las reservas de agua potable del mundo, un 40% de la biodiversidad del planeta, y la mitad de las selvas tropicales que actualmente existen, y también es rica en recursos naturales (como los minerales), cuya explotación económica se remonta a centurias.

Stanley explica que el ascenso de China generó un boom en el precio de los commodities que benefició a numerosos países de la región, pero también generó altos costos sociales y ambientales, “aunque la mayoría de las veces resultaron desestimados y terminaron afectando a los sectores más empobrecidos, a regiones hasta dicho momento impolutas”.

“Nuestra región es diversa, prístina, pero también muestra la mayor pérdida de bosques primarios, principalmente en Brasil, pero también en Argentina o Bolivia. El afán por nuevas tierras por parte de los ganaderos induce la quema de pastizales, el interés por aumentar la renta minera lleva a la deforestación. En tiempos de recursos escasos y falta de divisas, los gobiernos prefieren hacer la vista gorda, olvidarse de los compromisos. La pandemia no hizo más que reforzar dicha tendencia, avanzar desenfrenadamente sobre la naturaleza en búsqueda de la renta que generan los recursos naturales”, sostiene.

Este comportamiento, añade, no resulta novedoso, pues en toda crisis se avanza hacia una mayor explotación. El creciente rechazo que genera el extractivismo surge con fuerza en los años 2000. Pocos son los gobiernos que escuchan las voces de los afectados, cuya única alternativa es migrar, bien ser silenciados. Todo ello aumenta los reclamos, incrementa la tensión.

“Pero los gobiernos se hacen los distraídos, desestiman los reclamos. Véase si no los niveles de represión que afecta a los líderes socio-ambientales, con América Latina liderando las estadísticas. Pocos gobiernos se preocupan por las penurias de quienes resultan afectados por los efectos del cambio climático, que buscan migrar al norte como lo hacen los desahuciados de Centroamérica”, advierte.

El experto internacional afirma que este nuevo Día del Medio Ambiente seguramente escuchemos las mismas alertas, se alertará sobre la pérdida de biodiversidad o la contaminación de suelos y aguas. “Obviamente los problemas están, lamentablemente no desaparecerán al día siguiente, ni en el largo plazo si no actuamos. La urgencia climática debería hacernos repensar el modelo de acumulación actual, pues su perseverancia conlleva a una degradación de los ecosistemas, que en ciertos casos puede resultar irreversible”.

En su visión, hay un relajamiento de las normas ambientales, las evaluaciones de impacto ambiental. Todo ello se agrava en pandemia. “Amparados en el poder, muchos (pseudo) empresarios avanzan fuera de la ley, como se observa con la minería ilegal en el Amazonas”.

Todo esto conlleva a una mayor degradación de los ecosistemas, la pandemia induce a un mayor uso de la tierra, lo mismo que aquellas áreas que resultan protegidas, como los humedales. Latinoamérica es una de las regiones más ricas en biodiversidad, alberga una amplia diversidad de pueblos.

“Lamentablemente el modelo de inserción internacional atenta contra el medio ambiente y condena a la pobreza a la gran mayoría de sus habitantes. La restauración ecológica ha sido presentada como una alternativa, un nuevo paradigma de desarrollo que integre bienestar con sustentabilidad. Pero la región debe repensar también el tipo de inserción global, pensar en un modelo de desarrollo cualitativamente diferente. Debemos cambiar el paradigma y el modelo de desarrollo, pues el actual nos ha llevado a superar los límites planetarios con altos costos, tanto en lo económico como en lo social y el medioambiente”, reflexiona.

A nivel mundial y con el retorno a la COP de EEUU, tras la salida durante la gestión de Trump, las negociaciones se reiniciarán con un nuevo impulso en la COP 26 de Glasgow, organizada por el el Reino Unido e Italia.

Según Waldo Vargas, China ya está dando algunas señales de que se preocupa por el cambio climático, pero no anuncia que entrará al convenio y eso preocupa. En el cumplimiento de metas han hecho un gran esfuerzo Alemania, los Países Bajos, Bélgica y Dinamarca “que han sido un gran ejemplo para el mundo”.

 

Probioma alerta las consecuencias de un modelo extractivista y agroextractivista

Según el agroecologista e investigador Miguel Ángel Crespo, director ejecutivo de Probioma, Bolivia está entre los ocho países más ricos en biodiversidad del planeta, pero esa riqueza no ha servido para el desarrollo sustentable del país.

“Al contrario, desde antes de su fundación como país hasta nuestros días, sigue siendo proveedor de materias primas por la chatura e incapacidad de todos los gobiernos que basan la economía en el modelo extractivista y agroextractivistas”, sostiene Crespo.

Según los datos de Probioma, como producto de esta situación, se pueden señalar los siguientes impactos socioambientales y productivos:

Bolivia ocupa el tercer lugar en deforestación del planeta con más de 200 mil hectáreas anuales en promedio.

Más de ocho millones de hectáreas afectadas por los incendios y chaqueos entre el 2019 y el 2020, producto de las leyes incendiarias promulgadas por el gobierno de Evo Morales y no derogadas hasta ahora.
Ampliación de la frontera agrícola en más de 400 mil hectáreas en los bosques y áreas protegidas, para la producción de monocultivos transgénicos para la producción de agrocombustibles, exportación de carne a china, etcétera.
Importación de agrotóxicos en 22 años (1999-2020) llegando a más de 2.004 millones de kilos de agroquímicos.
En 2006 se usaban 60 millones de kilos de agroquímicos y el 2020 llegó a más 222 millones de kilos, incluidos los agroquímicos que ingresan de contrabando.
Se ha incrementado el uso de agroquímicos de 17 kilos por hectárea a 43 kilos por hectárea.
Se hizo un cambio arbitrario del plan de suelo en el departamento del Beni para promover cultivos transgénicos y ganadería extensiva en áreas no aptas para la agricultura y la ganadería.
Bolivia ocupa el triste primer lugar como importador de mercurio para la explotación de oro en la Amazonia, Chiquitania y otras regiones del país.
El 41% de las tierras secas en proceso de desertización debido al mal manejo de los suelos y al uso de agroquímicos.
Desmantelamiento de las 22 áreas protegidas nacionales, para promover el avasallamiento del agronegocio, cocaleros, destruyendo la gran riqueza en biodiversidad, base del desarrollo y también el mejor muro de contención contra las pandemias.
Más 6 millones de animales silvestres muertos en los incendios del 2019 y 2020, con el consiguiente impacto en la cadena trófica.
No se ha resuelto la seguridad y soberanía alimentaria, al contrario, Bolivia es importador de alimentos.
Bolivia tiene los recursos y el conocimiento para desarrollar mediante la innovación tecnológica de la biodiversidad: industrias de alimentos saludables y sin agroquímicos ni transgénicos, la industria farmacéutica, textil, energizantes, el ecoturismo científico, comunitario, cultural y gastronómico, el control biológico microbiano (que ya se hace), el mejoramiento genético, la industria apícola, las energías renovables limpias (solar y eólica), generando empleo, soberanía científica, alimentaria y divisas para el país.