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Mié, Mar

Inundaciones amenazan Santa Cruz por años de falta de planificación

Medioambiente
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Tanto en la capital como en otras regiones del departamento cruceño coadyuvan a las riadas el cambio climático y la intervención humana en cuanto a deforestación y falta de cuidado de drenajes.


Carolina Méndez / Santa Cruz.- El agua aprovechó el sueño y entró sin preguntar. Los vecinos del barrio 24 de Septiembre de la comunidad Hardeman, ubicada en el norte cruceño, despertaron espantados entre colchones mojados, chinelas flotando y oscuridad. “El agua está en las rodillas y ha mojado todas nuestras cosas. Cada vez que llueve es lo mismo. Se arruinan además nuestros cultivos”, declaró una mujer con voz de acumulado reproche.

“Aquí la calle es un río urbano”, dice por su lado un vecino afectado en Yapacaní, cuyo barrio quedó anegado luego del rebalse de Arroyo Hondo. Después del hecho, las familias fueron evacuadas por rescatistas y voluntarios, quienes las llevaron a la unidad educativa Simón Bolívar, habilitada temporalmente para el resguardo. Niños, jóvenes y ancianos salieron de sus casas cargando lo que podían en sus brazos, colchas, ropa y juguetes. “La necesidad es inmediata. Hacemos un llamado a las autoridades para que den auxilio a las familias necesitadas”, pide una vecina preocupada por lo que está sucediendo.

“Estamos sacando el agua de diez casas con motobombas. Los daños no son de consideración y afortunadamente no hay pérdidas humanas”, explica un funcionario municipal de la Alcaldía de Porongo, quien trata de tranquilizar a los vecinos afectados.

Veinte familias se instalaron en carpas al borde de la carretera luego de la inundación de sus viviendas en la comunidad Brecha 3 del municipio de La Guardia. Estas escenas de gente evacuando, casas inundadas y cultivos dañados, son fotografías de la última semana cruceña. El departamento se ha visto muy afectado por desbordes de reservorios de agua y por intensas precipitaciones. El nivel de afectación no es uniforme en todo el departamento, pero sí hay causas comunes que convergen en el desastre: falta de planificación y cambio climático. Esto convierte a la lluvia en una amenaza colectiva, tanto rural como urbana.

Las causas estructurales

Las inundaciones no son un tema ajeno a las tierras bajas de Bolivia, ya que el 75% de nuestro territorio comprende la cuenca amazónica, lo que significa mayor cantidad de precipitaciones, explica Marlene Quintanilla, directora de investigación y gestión del conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

Como región, Santa Cruz tiene una predisposición a enfrentar un flujo de inundaciones, que de hecho han permitido la formación de humedales y la creación de ecosistemas acuáticos muy ricos en biodiversidad. No obstante, las condiciones han cambiado en las últimas décadas. La lluvia está en esa fina línea entre ser aliada o ser amenaza para las comunidades.

 

“Estamos ocupando territorio que antes se inundaba, por tanto, no es el mejor lugar para poblar, a eso sumémosle que hay una gran alteración climática global por los efectos del cambio climático. Las sequías son más acentuadas y las precipitaciones más intensas, eso devela un desbalance hídrico en la región”, describe Quintanilla con preocupación.

La deforestación es otro elemento que suma motivos para el desbalance climático. La pérdida de bosque implica restar servicios ecosistémicos que se traducen en menor absorción del agua por parte de los suelos. Esto a su vez provoca alteración en las cuencas y desbordes en los cauces.

Según datos de FAN, en los últimos 20 años se deforestó más que en los treinta años previos. El reporte señala que desde antes de 1976 hasta el 2000 se perdieron más de tres millones de hectáreas de bosque en todo el país y entre 2001 y 2019 la pérdida ascendió a 4,7 millones de hectáreas que suman a lo acumulado. Las causas son actividades antrópicas: expansión de la frontera agrícola, ganadería y apertura de caminos.

“Lo que llovía en todo el mes de enero, llovió en un solo día en Santa Cruz, según el reporte del Senamhi. Esto es a todas luces una anomalía que debería alertarnos”, insiste la investigadora, señalando el día miércoles 27 y el amanecer del jueves 28 de enero, cuando se reportaron emergencias en distintos municipios y varios ciudadanos fueron evacuados de sus casas.

“Tenemos dos crecidas extraordinarias, una en el río Ichilo y otra en el río Piraí, en la cuenca baja”, explica José Manuel Antony, director de Obras del Servicio de Encauzamiento de Aguas y Regularización del Río Piraí (Searpi), quien pide a la población seguir las recomendaciones de no acercarse a los ríos y no desarrollar ninguna actividad allí, ya sea extracción de áridos, pesca o turismo. El Searpi emitió alerta roja por considerar crítica la situación.

La lluvia también afectó la transitabilidad de las carreteras. El agua se llevó un fragmento de la ruta Santa Cruz – Cochabamba, a la altura de Buena Vista, por lo que se tuvo que habilitar un improvisado desvío. También se registraron estragos en el puente del río San Miguelito, a 200 metros del ingreso a Caranda y a 200 metros de la Siderúrgica Las Lomas, en la carretera Portachuelo-Buena Vista.

Kathia Lara, directora del Servicio Departamental de Caminos (Sedcam) de la Gobernación, pidió evitar transitar las zonas en mantenimiento, principalmente del Norte Integrado, en la provincias Warnes, Okinawa, Sara y en los tramos San Luis- Los Andes- Cochabambita. La autoridad refirió que la afectación también se ha registrado en la zona de los valles cruceños y en Cordillera.

Ciudades impermeables

Tal como lo explica la investigadora de FAN, las tierras bajas en Bolivia están propensas a mayores precipitaciones, por ello resulta crucial tener en cuenta esta condicionante para planificar urbanidad.

Las ciudades necesitan tener efectivos sistemas de drenajes que permitan a sus ciudadanos habitar sus viviendas y transitar por las calles sin que esto represente una amenaza o requiera de una gran hazaña.

“Santa Cruz es una ciudad plana pero que tenía sus drenajes naturales que permitían el curso del agua. El problema se dio cuando la ciudad empezó a crecer sin planificación hacia lugares donde no tenía que hacerlo, porque no había una clara decisión de a dónde iría el drenaje. Inicialmente, con el primer plan regulador, se identificó que el lugar que estaba urbanizándose usaba el canal Isuto, que desembocaba el agua en la cuenca del Piraí. Posteriormente, la ciudad se fue hacia el Este y hacia el Sur y allí vinieron las complicaciones con cada lluvia”, explica el arquitecto urbanista Fernando Prado.

La situación ha ido empeorando año tras año. La ciudad no para de crecer y no se ha acompañado el avance urbano con la ejecución de un plan de drenaje íntegro. A estas alturas es irracional pensar en una solución que responda sólo a la urbe Santa Cruz de la Sierra, puesto que la capital es parte integradora del área metropolitana que incluye ciudades aledañas.

“Algunos de los canales que hemos construido están llevando el agua a otros municipios y la están largando ahí. Estamos inundando al municipio vecino y del mismo modo, algunos nos están inundando a nosotros. Por eso es urgente una planificación como área metropolitana tal cual lo detectó el JICA cuando hizo el diagnóstico de transporte”, afirma Prado.

El crecimiento sin planificación ha conllevado la creación de nuevos barrios que demandan asfalto para sus calles pensando que esto acabará con sus problemas de acceso cada vez que llueve; pero lo que ha sucedido, en algunos casos, es más bien un agravante a la situación. Ya que la calle se impermeabiliza e inunda las casas al no tener un buen canal por donde drenar el agua acumulada.

“No entran los micros hasta aquí y el agua estancada se queda por meses, aunque pase la lluvia”, manifiesta con preocupación una vecina del Barrio Campo Rosa, cuyo ingreso a su vivienda se ha visto afectado tras las últimas precipitaciones. El barrio tiene asfalto, pero no un eficiente sistema de desagüe.

“Esas pequeñas soluciones, como hacer canales o conductos subterráneos para transportar el agua, pueden ayudar a paliar los problemas de la gente. No son la respuesta estructural al conflicto pero evitará que las personas pierdan sus cositas, año tras año”, expresa el urbanista.

Los pronósticos meteorológicos no son muy esperanzadores. Anuncian “precipitaciones ocasionales hasta este jueves 4 de febrero, en el que los vientos cambiarán a dirección sur con cielos nublados acompañados de lluvias en su ingreso”. Es decir, además de la lluvia, Santa Cruz enfrentará un frente frío que complejiza aún más la situación para aquellos que han quedado privados de resguardo al no poder ingresar a sus viviendas.