Lluvias: los riesgos crecen por la deforestación y avance de frontera agrícola

Medioambiente
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Bolivia registró los mayores desastres por lluvias en 2014 y 2008 debido a la presencia intensa del fenómeno El Niño. Expertos recomiendan restaurar los bosques para paliar los efectos del cambio climático.
Lluvias: los riesgos crecen por la deforestación y avance de frontera agrícola 

Leny Chuquimia / La Paz.- Siete departamentos de Bolivia están en emergencia debido a las inundaciones, riadas y deslizamientos a causa de las intensas lluvias. Expertos coinciden en que la deforestación y la ampliación de la frontera agrícola incrementan los riesgos del país ante los fenómenos naturales y el cambio climático.

En lo que va del siglo XXI, Bolivia registró los mayores desastres por lluvias en 2014 y 2008. Ambas gestiones tuvieron en común la presencia intensa del fenómeno El Niño. Este 2019, se prevé que el evento climático sea similar al de hace 11 años.

2009: alerta en siete regiones

“A raíz de los fenómenos naturales, este año hemos sobrepasado las 2.000 familias afectadas a nivel nacional; pero esta cifra puede subir en los próximos días”, informó el ministro de Defensa, Javier Zavaleta. Hasta el momento se registra una veintena de fallecidos; 16 de ellos en los deslizamiento del pasado fin de semana en la vía Yolosita-Caranavi.

De acuerdo con datos oficiales, las regiones más afectadas por las lluvias son La Paz y Beni, las mismas de años pasados. Varios municipios de esos departamentos sufren inundaciones, mazamorras, riadas y han activado alertas de vigilancia epidemiológica

Desde hace décadas estos departamentos -además de Cochabamba, Santa Cruz, Chuquisaca, Potosí y Tarija- son regiones de alto riesgo ante embates de la naturaleza. Por los daños, en 2008 y 2014 se declaró situación de desastre y emergencia nacional.

“Una de las causas de los desastres naturales que estamos viviendo en el país son las altas cifras de la deforestación, que son preocupantes”, señaló el director de Probioma (Productividad Biosfera Medio Ambiente), Miguel Ángel Crespo.

La semana pasada, el director de Emergencias y de Auxilio del Viceministerio de Defensa Civil, Javier Ayllón, informó que los municipios afectados por los desastres superan la veintena pero no hay un reporte oficial de la situación. “A medida que pasan los días hay comunidades que se declaran en emergencia y otros en desastre”, explicó.

“Este año, hay una presencia del fenómeno de El Niño como en 2008 por ello las inundaciones están golpeando más”, señaló la representante del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas en Bolivia, Elisabeth Faure.

 

2008: amenaza de La Niña

En enero y febrero de 2008, el país fue azotado por el fenómeno La Niña. Por 45 días sin pausa las lluvias anegaron un centenar de municipios de Beni, Cochabamba, Santa Cruz y el norte de La Paz.

En menos de dos meses, las inundaciones y riadas cobraron 49 vidas y dejaron 41.557 familias damnificadas. Las pérdidas materiales, en cultivos y ganado, fueron enormes.

Trinidad parecía hundirse en un mar de agua turbia y los afluentes del río Ibare rodeaban peligrosamente el anillo de circunvalación que protege a Trinidad, la capital beniana.

La situación, por mucho, sobrepasaba los daños causados por la lluvias en 2007, cuando las aguas anegaron diferentes municipios de los siete departamentos que hoy están en alerta.

El 12 de febrero de 2008, el Gobierno declaró desastre nacional. “Para resolver esta situación se necesitan unos 1.000 millones de dolares. Eso es el 50% de la deuda externa que tiene Bolivia, es mucha plata. Es casi toda la inversión pública de un año”, declaró entonces el presidente Evo Morales luego de una visita a las zonas más afectadas.

2014: emergencia y política

Entre diciembre y febrero de 2014, intensas lluvias dejaron bajo el agua los caminos, cultivos, ganado y comunidades enteras. Aunque la situación era muy crítica en siete departamentos, Beni fue el más golpeado.

Las lluvias cobraron la vida de 59 personas y dejaron más de 60.000 familias damnificadas. Los empresarios reportaron más de 16 millones de hectáreas anegadas sólo en el oriente, además de 200 mil cabezas de ganado muertas, aunque las cifras oficiales sólo daban cuenta de 58.000.

El país se encontraba ante un desastre mayor al que encaró en 2008. Sin embargo, pese a los pedidos de los departamentos afectados, el Gobierno sólo declaró emergencia nacional.

“Señor Presidente venga, visítenos. Los benianos queremos que venga, que se cerciore cómo estamos sufriendo a consecuencia de estos desastres naturales y pueda entender las razones por las que pedimos que se declare al Beni en zona de desastre nacional”, dijo el entonces gobernador del Beni, Carmelo Lenz.

Lenz era opositor. Morales rechazó el pedido. Al desastre natural se sumó la pugna política.


“¿Qué entiendo por zona de desastre? Cuando el Estado no puede atender la demanda y aquí todavía no nos han sobrepasado las inundaciones. Se declara desastre cuando el Estado no puede atender las demandas”, respondió entonces el Primer Mandatario.

Inundaciones en Tipuani motivan la declaratoria de emergencia.
Foto:APG
Punto de vista
Miguel ángel crespo,director de Probioma


“Estamos viendo consecuencias de la deforestación”

Las inundaciones en el país son atribuibles, en parte, al fenómeno de El Niño que se agudiza por los efectos del cambio climático. ¿Cómo podemos enfrentar estos cambios que se expresan en sequías y severas inundaciones? pues con la conservación, fortalecimiento y restauración de los bosques.

Sin embargo, el Gobierno promueve lo contrario. Incentiva la ampliación de la frontera agrícola sin considerar que los bosques son generadores de servicios ambientales como reguladores del clima.

Los bosques evitan la erosión y también son generadores de agua y alimentos. Existe en ellos una gran diversidad de recursos genéticos que pueden ser la base de un verdadero desarrollo sustentable.

La información sobre la deforestación hasta 2017 es alarmante. Mientras la ABT menciona que ese año se deforestaron 226 mil hectáreas, otras organizaciones internacionales como Global Forest Watch mencionan cerca de 463 mil .

En ambos casos los datos son preocupantes y son una de las causas de los desastres naturales que estamos viviendo, especialmente en el Chaco y el oriente. La situación se agrava, considerando que la agenda 2025 pretende ampliar la frontera agrícola a 14 millones de hectáreas.

¿Donde será esta ampliación? Será en el oriente y para la introducción de monocultivos de soya, algodón y maíz transgénicos. Sólo con la introducción de los agrocombustibles elaborados a base de la caña se pretende ampliar más de 150 mil hectáreas.

El departamento de Santa Cruz ha deforestado en 2017 más de 210.827 hectáreas (93% del total en el país) para cultivos de exportación. Sin embargo estamos importando alimentos.

Ahora estamos sufriendo los embates del cambio climático producido por una deforestación salvaje entre 2005 y 2017. Tenemos mas de 3.129.000 hectáreas deforestadas para la siembra de monocultivos, para la coca y la ganadería, y que en definitiva no benefician al conjunto del país.

Estas acciones tienen como consecuencia las inundaciones, pérdidas de vidas, escasez de alimentos, epidemias, etc., etc. La naturaleza nos envía mensajes más fuertes cada año, pero parece que las autoridades y los sectores productivos hacen oídos sordos. ¿Hasta cuándo?

“Una muestra significativa de cómo el país aprendió de las emergencias es que el apoyo que el Gobierno solicita de la cooperación internacional se enfoca más en asistencia técnica que en atención a emergencias”, evalúa Elisabeth Faure, representante del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas en Bolivia.

Las lluvias e inundaciones golpean Bolivia. ¿Por qué?

Bolivia es uno de los países de la región más vulnerables al cambio climático. Hay municipios que tienen que lidiar con inundaciones y sequías en un mismo año que afectan los cultivos y la seguridad alimentaria. Por el cambio climático los impactos son más intensos en todo el mundo por lo que es urgente seguir trabajando en resiliencia y adaptación. Como Programa Mundial de Alimentos trabajamos hace más de 50 años apoyando al Gobierno con emergencias y hemos podido ver cómo los desastres afectan a las personas en su cotidiano vivir.

¿Hay un mapa de las zonas más vulnerables en Bolivia?

El Programa Mundial de Alimentos genera Análisis de Vulnerabilidad a la Inseguridad Alimentaria que toma en cuenta riesgos de origen climático. En 2014, la Agencia apoyó al Estado en la elaboración del Atlas de Riesgo Agropecuario y Cambio Climático, que indica que si bien todo el país es vulnerable al cambio climático, hay zonas más afectadas, como el altiplano.

Los impactos del clima muchas veces afectan la accesibilidad y disponibilidad de alimentos, lo que provoca que en las áreas rurales aún haya un 23,7% de niños con desnutrición crónica (Encuesta de Demografía y Salud, 2016). Herramientas como el Atlas nos permiten elaborar estrategias más consistentes para implementar sistemas de alerta temprana.

En 2008 y 2014 el país enfrentó desastres por lluvias. ¿Hemos aprendido de ellos?

Una muestra significativa de cómo el país aprendió de las emergencias es que el enfoque de apoyo que el Gobierno solicita de la cooperación internacional ha cambiado. En los últimos años estamos trabajando más en asistencia técnica que en atención a emergencias. Esto no quiere decir que el nivel de apoyo haya disminuido. Los planes del Programa Mundial de Alimentos para atención a emergencias en el país son de 4,5 millones de dólares para los próximos cuatro años.

¿Cómo debe encararse un plan de gestión de riesgos?

Creo que el aspecto más importante del plan actual es la mejora de los sistemas de alerta temprana. Un ejemplo de ello es que, en este momento, con apoyo de Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea (ECHO), estamos desarrollando una estrategia que incorpora conocimientos locales de indicadores naturales (bioindicadores) en municipios con impactos recurrentes para fortalecer los sistemas de alerta temprana. Además, estamos evaluando cómo incorporar drones en casos de emergencias.