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Dom, Mar

Biología de las garrapatas, Parte  La prevención y el control de parásitos han constituido una prioridad de salud animal en México y el mundo.

Pecuaria
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Por: Eliseo Velazco Cercas. La rentabilidad de cualquier explotación ganadera se basa en la salud de los animales. Por tanto, la producción de carne, huevo, piel, pelo o leche está íntimamente relacionada con la salud de los animales.

La alteración de un estado de óptima producción y productividad es consecuencia al desequilibrio dinámico entre el huésped, el agente causal y el ambiente.

La prevención y el control de parásitos han constituido una prioridad de salud animal en México y el mundo. En ese contexto, las garrapatas y los agentes que transmiten constituyen uno de los limitantes prioritarios para los países tropicales y subtropicales. Las garrapatas son responsables de una variedad de pérdidas, causadas por el efecto directo sobre la piel, la inyección de toxinas, o por la morbilidad y la mortalidad asociadas con patógenos transmitidos por ellas. Los signos clínicos dependen de la carga parasita y de la comorbilidad con enfermedades transmitidas por los ectoparásitos, pero en forma general se puede observar lo siguiente.

Aumento de temperatura y cambio de comportamiento.
Pérdida de peso por reducción del consumo de alimento y anemia.
Animales flacos, peludos y postrados con los parásitos sobre la piel.
Hemoglobinuria, ictericia y mucosas pálidas.
Las acciones de mitigación forman parte de una tradición de aplicación de acaricidas que contribuye a la reducción del impacto del problema.

En el presente manuscrito, intentaremos describir algunos factores esenciales de la biología de las garrapatas, que podrán esclarecer por qué este artrópodo tiene un gran éxito evolutivo, adaptabilidad y distribución en varios ecosistemas, convirtiéndose en un auténtico dolor de cabeza para la producción pecuaria de nuestro país, y nos permitirán entender cómo lograr un control integral y la relación simbiótica que mantenga la productividad de forma eficiente.

El ciclo de vida 

En México se han registrado 82 especies de garrapatas tanto en animales silvestres como domésticos siendo las dos especies de mayor importancia para el ganado bovino Boophilus y Amblyomma

Boophilus tiene un ciclo de un solo huésped, donde toda la estasis o mudas tienen éxito en el mismo vertebrado donde la larva alcanzó aferrarse. Existe una fase parasitaria y una fase no parasitaria donde ocurre la ovoposición y la incubación; Además el movimiento de las larvas en busca de un huésped ocurre en tierra a lo que llamamos fase de encuentro o búsqueda. Este tipo de ciclo es el resultado de una selección adaptada a diferentes condiciones micro climáticas. Las posibilidades de pupación y la búsqueda de siguientes huéspedes se han eliminado. Además, eliminando los tiempos de espera y acortando las duraciones de la eclosión, el ciclo monofásico en el huésped se reduce a 3-4 semanas.

la secuencia de alimentación y muda durante la vida de garrapatas de este género. Las larvas se desarrollan en los huevos hasta que están listos para salir del cascarón, generalmente en varias semanas. Las larvas se alimentan una vez de un huésped, luego se separan del huésped y se esconden en el entorno físico, como el suelo o la vegetación. Las larvas se mudan a ninfas. Las ninfas deberán buscar un nuevo huésped para adherirse y se alimentan una vez y mudan de la misma manera que las larvas. De la muda de la ninfa repleta, emerge una hembra o un macho y estos buscaran reproducirse sobre el huésped. La hembra se alimenta una vez y repleta se desprende al suelo, pone un lote de huevos y luego muere. Los machos pueden tomar varias alimentaciones pequeñas, aparearse repetidamente y luego morir. Las garrapatas que han nacido recientemente de los huevos o de la muda tienen cuerpos blandos y están inactivas durante una o dos semanas mientras la pared externa del cuerpo se endurece lo que las vuelve susceptibles a las inclemencias medio ambientales.

Hábitats y huéspedes.

El hábitat de una garrapata se compone de la variedad de seres vivos y objetos no vivos en el espacio en el que vive. Las garrapatas se adaptan a dos componentes contrastantes de su hábitat: el entorno físico y su huésped. Cuando las garrapatas mudan y luego buscan en el hábitat físico, corren el peligro de secarse y morir de hambre. Las larvas son más susceptibles a secarse y morir de hambre porque tienen un área de superficie alta en relación con su pequeño volumen. Las larvas también están expuestas a depredadores como roedores, pájaros, reptiles y hormigas, y a patógenos como hongos. Estos factores adversos limitan el tipo de hábitats en los que se encontrará una especie de garrapata. El componente más importante del entorno físico de una garrapata es el clima definido por la temperatura y la humedad. Cuando la misma garrapata está en el huésped, ya no está en peligro de secarse o morir de hambre, sino que está en peligro de ser eliminada por las capacidades del anfitrión o que su alimentación se reduzca por la inmunidad del huésped. La mayoría de las garrapatas tienen adaptaciones en su comportamiento y fisiología de la alimentación para reducir estas reacciones del huésped. Por lo general, estas adaptaciones funcionan mejor para un determinado tipo de animal. Sin embargo, la distribución geográfica de los posibles huéspedes de una garrapata es mayor que su distribución.

Abundancia de parásitos en la población huésped.

Las interacciones entre el individuo anfitrión, la población anfitriona y otros factores ambientales modulan la abundancia de parásitos en una población dada. La distribución de garrapatas en sus huéspedes con frecuencia se encuentra muy concentrada en pocos individuos dentro de la población, existen huéspedes más susceptibles qué son responsables de la alimentación de un gran número de parásitos. Es decir, mayores cargas de garrapatas están asociadas con una menor capacidad inmunológica para luchar contra ellas, aunque algunos estudios vinculan la carga de estos artrópodos a los rasgos de hiperactividad, masa corporal u otros efectos vinculados a la distribución de las garrapatas en el medio ambiente.

El clima modula la actividad de supervivencia de las garrapatas durante su fase no parásita.

La combinación de una serie de condiciones, que normalmente implica una temperatura adecuada en la primavera, genera la activación en las garrapatas para subir a la cima de la vegetación. Durante la búsqueda de sus huéspedes, las garrapatas pueden perder agua que normalmente recuperan descendiendo a intervalos en la zona inferior de materia orgánica, donde las garrapatas reabsorben el vapor de agua de la atmósfera. Luego que las garrapatas se rehidratan, ya están listas para ascender nuevamente en la vegetación.

Extrínsecamente, el equilibrio del agua de las garrapatas se ve afectado por el déficit de saturación de agua en el aire ya que afecta a la pérdida de agua y por la humedad relativa que afecta la posibilidad de que el agua se recupere mediante la absorción de vapor de agua e, intrínsecamente, entre otros puntos, por la capacidad de las garrapatas para encontrar lugares con un microclima favorable incluso cuando el clima es cálido y seco, por ejemplo, en la hojarasca. Las reservas energéticas de la garrapata más su habilidad para mantener un nivel aceptable de agua en el cuerpo gracias a su cutícula, son los factores que regulan principalmente la búsqueda a corto plazo. No obstante, los estímulos del huésped también pueden afectar la actividad de las garrapatas.

La actividad de búsqueda de huésped por las garrapatas en las regiones templadas sigue un patrón temporal con una fluctuación a corto plazo, sin embargo, en regiones tropicales pueden tener una frecuencia casi ininterrumpida de períodos parasitarios y de búsqueda, debido a las condiciones climáticas estables.

Fotoperiodo, diapausa y reservas energéticas

Además del clima o el microclima, el fotoperiodo regula la estacionalidad de las garrapatas por prevención (comportamiento y pausa en larvas sin alimentación) o estimulación de la actividad de búsqueda. En ambos casos, el fotoperíodo, la duración relativa día-noche, que es percibido por las garrapatas fungen como mecanismos de diapausa optimizando el destino de la población al permitir que las garrapatas encuentren un huésped, se alimenten y entren en el período de muda antes del inicio de condiciones climáticas adversas como el invierno.

La diapausa es un estado fisiológico de inactividad con factores desencadenantes y terminantes bien específicos. Se usa a menudo para sobrevivir en condiciones ambientales desfavorables y predecibles, tales como temperaturas extremas, sequía o carencia de alimento. Podemos justificar la diapausa como un proceso de adaptación para asegurar que la emergencia coincida con las condiciones óptimas para la supervivencia. Muchas especies de garrapatas han incorporado alguna forma de diapausa en sus ciclos de vida.

En adición, después de la emergencia, la grasa se usa para alimentar la actividad locomotora y fisiológica de una garrapata involucrada en la localización y el ascenso de los tallos de la vegetación desde los cuales busca y desciende a condiciones húmedas en la base de la vegetación para restaurar su contenido de líquido mediante la absorción pasiva y activa de agua atmosférica.

A partir de entonces, el contenido de grasa disminuye, por ello, un número cada vez mayor de garrapatas se activa en la primavera, pero tenían un contenido de grasa más bajo que las garrapatas observadas en el otoño anterior, lo que indica que habían soportado un intervalo más largo entre la emergencia y la búsqueda que las nuevas larvas en el otoño. Durante el verano, la grasa se va agotando gradualmente en las garrapatas que todavía buscan huéspedes más allá de octubre.

En México durante diciembre y enero las temperaturas están por debajo de los umbrales ideales para la sobrevivencia. Por lo tanto, podemos proponer que al final de cada año, la disminución de la duración del día reduce la probabilidad de búsqueda y las bajas temperaturas pueden inhibir la actividad por completo, sólo si las temperaturas son lo suficientemente altas se producirá un reclutamiento gradual de la población en búsqueda a medida que las temperaturas alcancen este nivel crítico en lugares cada vez mayores de microhábitats de las garrapatas que sobreviven el invierno.

El cambio climático modifica el entorno que potencialmente proporcionará las condiciones propicias como hábitat para las garrapatas y tendrá efecto en la duración del ciclo de vida de las garrapatas e implicará modificaciones en el manejo y en los sistemas de producción. Lo anterior invita a entender la situación y adaptar las estrategias de control integral del ectoparásito.

Fuente: GANADERA.COM